Félix Rodríguez de la Fuente y la Evolución Humana

 

 

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Este viernes pasado se cumplieron cuarenta y cinco años de la desaparición en accidente de Félix Rodriguez de la Fuente. El naturalista murió, junto a dos de sus compañeros, Teodoro Roa y Alberto Mariano, en una de las esquinas más alejadas y frías del globo terráqueo. Como muy bien saben muchos de los que eran jóvenes o niños en aquel ya lejano 14 de marzo de 1980 Félix seguía, dentro de la Serie Canadiense, una carrera - la Iditarod - que consistía en cruzar mil quinientos kilómetros de terreno helado a través del Canadá en trineos tirados por perros.

            Félix no pudo acompañar a los vencedores en la meta. Tampoco pudo dedicarle a Georges Hoffer, un trampero que vivía con su mujer en mitad de las montañas del Yukón, una serie de capítulos en las que se reflejaría la vida de los hombres en un medio tan hostil. Sin ninguna duda, al ver aquellos capítulos, quien escribe estas líneas, percibe que Félix fue un lector ávido de las novelas de Jack London. Nada más natural para un aficionado como lo fue él a los lobos y la naturaleza.

            Félix se mató el día de su cincuenta y dos cumpleaños y, aunque no tengo ninguna bola para adivinar el futuro o, en este caso, el pasado que no fue (he aquí una bonita distopía), creo que Félix, burgalés él, de Poza de la Sal, amigo de Emiliano Aguirre el paleontólogo impulsor de los estudios en los yacimientos de Atapuerca, de haber seguido vivo hubiera sido sin ninguna duda un aficionado a meterse e indagar y divulgar La trinchera, La gran dolina, La sima del elefante y otros nombres míticos de los yacimientos burgaleses.  

            La idea es, por supuesto, una hipótesis, una opinión personal y no pretendo que se considere cierta sino probable. ¿En qué me baso? Hay varios motivos, que me llevan a pensar de ese modo, el primero (que nos da una pista muy clara de su ideario) es que a su principal programa no le llamó, por ejemplo, “La fauna de España” o algo por el estilo, sino que su nombre fue El hombre y la Tierra. Es decir, el objetivo último era el hombre y su relación con el medio en que se desarrolla su vida. El segundo, ahora hablo de oídas, es que el naturalista mostró en varias ocasiones su interés por la evolución humana. Evidentemente “nada de lo humano le era ajeno” y el origen del hombre podía encontrarse, entre otros, en su horizonte de proyectos.

            Su posición respecto al origen de la especie humana y de la teoría de la Evolución estaba bien clara. No solo era partidario de ella sino que, como científico, la apoyaba abiertamente.

            Ahora, además, para explicar un encontronazo que tuvo en 1971 con “no evolucionistas” nos vamos a Sabadell, en esta deliciosa ciudad catalana, existe, en su centro histórico un museo de paleontología. Lleva el nombre de Miquel Crusafont. Crusafont fue, quizás junto a Emiliano Aguirre, uno de los padres mayores de la paleontología española (a ellos dedicaré artículos en entregas posteriores).

            Bueno, pues en 1971 Félix le escribió una carta a Crusafont en la que le informaba que la Tve de la época (dirigida por Adolfo Suárez) le prohibía utilizar la palabra “evolución” y le obligaron a repetir sus programas sobre Antropología. Además le censuraron dos frases que, según el cura censor de entonces, iban contra la idea del Génesis de la Biblia. Las frases, que se suponen terribles no tienen desperdicio son “el mar, cuna de la Vida” y “los cetáceos, mamíferos marinos que regresaron al océano”. Realmente peligrosas, aunque a la que se medita sobre ellas, se comprende que, en cierto modo, explican el origen del hombre y de los animales de un modo diferente al que lo hace la Biblia…

            Crusafont, que era una persona religiosa, escribió a la dirección de TVE y solicitó que dejaran en paz a Rodríguez de la Fuente, puesto que la evolución se consideraba “como un hecho archicomprobado”. Para Crusafont la evolución prepara “el advenimiento del Hombre como el ser más perfecto de la Creación”. Desde mi punto de vista, habría que preguntarse qué significa “perfecto”, pero eso lo dejaremos para otro día.

            De momento nos quedamos aquí, agradecemos todo lo que aquel gran naturalista y su equipo nos dieron y nos entretenemos en pensar que pudo participar en los grandes descubrimientos de Atapuerca. Pero la historia es otra y tres jóvenes investigadores, tomaron el relevo de Rodríguez de la Fuente, Crusafont y Emiliano Aguirre y la verdad es que lo hicieron muy bien.

 

Vicente García Campo

Marzo de 2025

           

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