INSPIRACIÓN

 

 

 

 



Recuerdo, hacia finales de 2013 o 2014, la decepción profunda al salir de una buena librería sin un solo libro bajo el brazo. 

     Supongo que, para la mayor parte de las personas, es lo habitual. 

     ¿Lo habitual? 

    Bueno, creo que todos sabemos que lo habitual en esto de las librerías (y más en estos tiempos “amazónicos” que corren) es no entrar. A no ser que llueva y nos pille sin paraguas y con las zapatillas de marca nuevas. 

     La cuestión es que en aquel ya lejano día me pregunté qué ¿cómo era posible que - con la cantidad de libros que se exhibían en sus estantes - ninguno se adaptase a mis preferencias?

     La respuesta era muy sencilla. Obvia, pero invisible. Y era…que siempre hay una época en la vida de las personas en la que el libro que busca no existe: está dentro de ella. Y descubre entonces que nadie, hasta el momento, parece haber tenido esas inquietudes que han de conformar una obra literaria única, personal. 

    Y sí, se tarda más o menos, pero finalmente ese lector frustrado, que no ha logrado que esa historia que busca se concrete en alguno de los títulos que le ofrecen, sabe que ha llegado el momento de comenzar a escribir. 

     Así, más o menos, es cómo surgió la primera de mis novelas. Sin fronteras. Un corredor en tierra de nadie. Al parecer, a nadie se le había ocurrido que pudiera existir un bohemio deportista que corriera por las montañas, que se enamorase de artistas solitarias… y que hubiera alguien que necesitase esa historia. Pero a mí, que había corrido por el monte hasta no demasiado tiempo atrás, me pareció el personaje más natural y necesario del mundo. 

     Y si corría por los montes y los valles, por las vaguadas y los collados, pues también podía hacerlo por las librerías del mundo...

  



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